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jueves, 25 de agosto de 2016

Hércules en la encrucijada


Hércules en la encrucijada
Hércules en la encrucijada, Annibale Carracci, 1596
          
       Un día en que paseaba por el bosque Heracles llegó a una encrucijada de caminos. Frente a cada uno de ellos había una mujer. La primera poseía una extraordinaria belleza, vestía ropas suntuosas y adornaba su cuerpo con caras joyas. "Mi nombre es Placer -le dijo- y soy amada por la mayoría de los hombres. Mi camino es fácil y ancho. Tómalo y nunca sufrirás dolor o peligro ni te faltará comida, bebida, buenos vestidos ni blandas camas." 

       Heracles avanzó hacia ella, pero antes de tomar su mano se volvió hacia la segunda mujer. Esta iba vestida de blanco, tenía un aspecto muy modesto y no llevaba ningún adorno. "Mi nombre es Deber -dijo- a quien ningún hombre desprecia pero a quien pocos aprenden a amar. Mi camino será abrupto y espinoso y no te prometo facilidad ni placer alguno, solo trabajo y sufrimiento. Para el que es valiente, para el que se enfrenta a los enemigos de la vida y soporta las cargas de hombres más débiles, todo se tornará en orgullo y alegría. Quien me siga obtendrá honor en la tierra y al final su luz brillará entre los dioses".
      
       Al ver que Heracles dudaba el Placer le gritó : "Di como puede morir en tu peligroso camino". Pero el Deber le susurró: "Si, pero para los que vienen conmigo la muerte será más noble que para los que viven en la pereza e insensatez".
  
       Finalmente Heracles tomó la mano del Deber, que se convirtió en su guía hasta el final de sus días. De este modo Heracles se enfrentó a terribles monstruos y ofreció su ayuda a los más débiles, ganándose la admiración tanto de los dioses como de los hombres. 

Bibliografía:
-AA.VV., Mitología clásica e iconografía cristiana, Madrid, Editorial Ramón Areces, 2010.
-HARD, R., El gran libro de la mitología griega, Madrid, La esfera de los libros, 2008.  
-HOPE MONCRIEFF, A.R., Mitología Clásica, Madrid, Edimat Libros, 2012.
-SCHWAB, G., Las más bellas leyendas de la Antigüedad Clásica, Madrid, Editorial Gredos, 2009.

miércoles, 24 de agosto de 2016

El nacimiento y la educación de Heracles

Heracles
Heracles
     Heracles, también conocido como Hércules, fue un héroe caracterizado por su extraordinaria fuerza, valentía y tenacidad.

        Su padre, Zeus, se enamoró de la mortal Alcmena, nieta de Perseo y reina de Tirinto. Para evitar ser descubierto se presentó ante ella adoptando la forma de su esposo, el rey Anfitrión. Sin embargo esta infidelidad no pasó desapercibida para la diosa Hera que, al enterarse de lo ocurrido, no dudo en descargar su ira contra el niño nacido de aquella unión.

      En primer lugar arrebató el derecho al trono a Heracles, haciendo que su primo Euristeo naciera antes que él. Después se presentó ante la reina Alcmena en el momento en el que iba a dar a luz, para tratar de retener al bebé en el vientre de su madre durante el mayor tiempo posible. Por último envió dos serpientes a la cuna de Heracles para que acabasen con él mientras dormía. Sin embargo el niño consiguió matarlas con sus fuertes manos antes de que pudieran hacerle ningún daño.

       Anfitrión quedó asombrado por la fuerza del recién nacido y acudió al adivino Tiresias para pedirle consejo. Este le informó acerca del origen divino de Heracles y también sobre su heroico destino. A partir de ese momento Anfitrión puso un gran esmero en el cuidado y la educación del joven Heracles. Le enseñó a conducir carros, a domar caballos y le puso bajo la tutela de los mejores profesores.
    
Heracles y Lino
Heracles y Lino, cerámica griega
       Sin embargo Heracles mostró desde pequeño un carácter fiero y conflictivo. Siempre se comportaba de manera indisciplinada y esto irritaba mucho a sus maestros.

       En una ocasión Lino, su profesor de música e hijo del dios Apolo,  decidió castigarle. Esto enfureció a Heracles que agarró su lira y le golpeó en la cabeza con fuerza, causándole la muerte. Ante el miedo a que volviera a suceder un incidente parecido, Anfitrión dejó a Heracles al cuidado de una familia de pastores.

       De este modo Heracles creció en las montañas, alcanzando una considerable estatura y desarrollando una enorme fuerza física y habilidad para el combate. A los dieciocho años, se había convertido en el hombre más fuerte y apuesto de toda Grecia.

Bibliografía:
-AA.VV., Mitología clásica e iconografía cristiana, Madrid, Editorial Ramón Areces, 2010.
-HARD, R., El gran libro de la mitología griega, Madrid, La esfera de los libros, 2008. 
-HOPE MONCRIEFF, A.R., Mitología Clásica, Madrid, Edimat Libros, 2012.
-SCHWAB, G., Las más bellas leyendas de la Antigüedad Clásica, Madrid, Editorial Gredos, 2009.
 

martes, 16 de agosto de 2016

La captura del Can Cerbero

Hércules y el can Cerbero
Los Trabajos de Hércules, Antonio Tempesta, 1608
       El rey Euristeo se sentía furioso por el éxito con el que Heracles había cumplido todos sus trabajos. Por este motivo decidió encargarle una difícil misión a la que ningún mortal lograría sobrevivir: descender al reino de los muertos y traer consigo al Can Cerbero.

      Sin embargo Heracles no estuvo solo en su labor. Al enterarse del riesgo que corría su hijo, Zeus envió a los dioses Hermes y Atenea para que lo guiasen y protegiesen en su misión.

     En primer lugar Heracles debía encontrar la entrada al Inframundo. La única manera de hacerlo era iniciándose en los misterios de Eleusis, que mostraban el modo de acceder al otro mundo tras la muerte. Estos conocimientos le fueron negados en un principio a causa de su origen extranjero y de la sangre que había vertido en su camino. Pero su amistad con un elusiano llamado Pilio permitió que este le tomase bajo su protección y le revelase los secretos que necesitaba.
El barquero Caronte
El barquero Caronte
       Heracles consiguió cruzar las puertas del Hades pero inmediatamente se encontró con otro gran obstáculo, el barquero Caronte. Este no tenía permitido transportar a ningún hombre vivo al interior del Inframundo por lo que fue necesaria la intercesión del dios Hermes para que Heracles pudiera cruzar la laguna Estigia. 

       Al llegar a la orilla Heracles fue sorprendido por el espíritu de la gorgona Medusa. El héroe tomó su arma para enfrentarse a ella pero Hermes detuvo su brazo, recordándole que los muertos no podían causarle ningún mal.

       Heracles también se encontró con el espíritu del héroe Meleagro quien le convenció para que a su regreso se casase con Deyanira, la única de sus hermanas que aún permanecía con vida.

     Después se cruzó con dos de sus antiguos compañeros, Teseo y Pirítoo, condenados a permanecer encadenados en una negra roca tras tratar de cortejar a Perséfore, la esposa de Hades. Heracles rompió las cadenas que apresaban a Teseo y este pudo regresar por un tiempo al mundo de los vivos. También trató de liberar a Pirítoo pero a causa de un fuerte terremoto se vio obligado a huir, abandonando a su compañero a su suerte.

Hércules y Cerbero
Hércules y Cerbero, Paolo Pagani, ss. XVII-XVIII
       Por último Heracles se presentó ante Hades y le pidió permiso para llevarse a su perro guardián. El dios aceptó pero con la condición de que lograse doblegar al animal en un combate sin armas.

   Heracles consiguió inmovilizar al perro agarrándolo por el cuello y después lo montó sobre su espalda para llevarlo ante Euristeo. Al ver a tan terrible animal el rey huyó aterrorizado y liberó a Heracles de su servidumbre, no sin antes ordenarle que llevase al monstruoso can de vuelta al Inframundo.



Bibliografía:
-AA.VV., Cultura Clásica, Edebé, 2004.
-AA.VV., Mitología clásica e iconografía cristiana, Madrid, Editorial Ramón Areces, 2010.
HOPE MONCRIEFF, A.R., Mitología Clásica, Madrid, Edimat Libros, 2012.






Bibliografía:


jueves, 4 de agosto de 2016

Las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides

El jardín de las Hespérides
       En su undécimo trabajo, Heracles recibió el encargo de conseguir tres manzanas de oro del Jardín de las Hespérides.
       
       Este lugar se encontraba cerca del monte Atlas y había sido entregado como regalo a los dioses Zeus y Hera el día de su matrimonio. Debía su nombre a las Hespérides, las tres ninfas del atardecer que lo cuidaban, y estaba custodiado por Ledo, un dragón de cien cabezas que siempre se mantenía despierto. 

       Para conseguir las manzanas Heracles debía adivinar primero el lugar en el que se encontraba el jardín. Para ello emprendió un largo viaje que le llevó a enfrentarse a todo tipo de criaturas.
Heracles liberando a Prometeo
       En primer lugar combatió contra Ares, el dios de la guerra, pero la lucha fue detenida por Zeus, que los separó con uno de sus rayos.

       Después visitó a las ninfas eritianas, y les preguntó sobre la localización del Jardín. Estas lo desconocían pero le aconsejaron visitar a Nereo, el dios del mar. Heracles se enfrentó a él,  inmovilizó su resbaladizo cuerpo  y le obligó a darle la información que necesitaba.
       
       Heracles cruzó el Cáucaso y en su camino se encontró con el titán Prometeo. El héroe mató de un flechazo al ave que lo torturaba y lo liberó de su castigo eterno. A cambio de su libertad, Prometeo le aconsejó que buscase a Atlas, ya que este podría ayudarle en su misión.
      
       Heracles se dirigió a África y pasó por Egipto, donde fue apresado por Busiris, un rey que cada año ofrecía en sacrificio a un extranjero para apaciguar la ira de sus dioses. El héroe logró escapar y matar al rey y después se enfrentó al gigante Anteo, quien lo desafió a un combate  a muerte.
       
       Tras un largo viaje Heracles encontró a Atlas, el titán que sostenía los pilares que separaban la tierra de los cielos. Heracles se ofreció a sostenerlos en su lugar y a cambio le pidió que cogiera por él las manzanas del Jardín de las Hespérides.

       Atlas así lo hizo pero a su regreso se negó a seguir cumpliendo con su castigo. Para poder escapar, Heracles pidió al titán que sujetase los pilares un tiempo, mientras el descasaba sus doloridos hombros. Atlas cayó en la trampa y cuando el mundo se encontraba de nuevo a sus espaldas, Heracles recogió las manzanas y emprendió su camino de regreso.

       Las manzanas de oro fueron entregadas al rey Euristeo quien a su vez se las devolvió a Hera, su legítima dueña. 

 Heracles y Atlas

 Bibliografía:
-AA.VV., Cultura Clásica, Edebé, Barcelona, 2004.
-AA.VV., Mitología clásica e iconografía cristiana, Madrid, Editorial Ramón Areces, 2010.
-HOPE MONCRIEFF, A.R., Mitología Clásica, Madrid, Edimat Libros, 2012.
 

sábado, 23 de julio de 2016

Los bueyes del gigante Gerión

Combate de Hércules y Gerión
       En su décimo trabajo, Heracles recibió el encargo de viajar hasta la isla Eritia para apoderarse de los rebaños del gigante Gerión.
       Gerión era un ser monstruoso que habitaba cerca de Hispania. Descendía de Crisaor, un gigante engendrado de la sangre de la gorgona Medusa, y de la oceánide Calírroe. Poseía tres cabezas, tres cuerpos, seis brazos y seis piernas y custodiaba un rebaño de enormes bueyes rojos.
       En su viaje, Heracles alcanzó los límites del mundo conocido. Visitó Tartessos y creó lo que hoy en día se conoce como el estrecho de Gibraltar, al dividir la cordillera que unía los continentes de Europa y África. Como recuerdo de su acción, levantó dos grandes columnas, una sobre el Peñón de Gibraltar y otra sobre el de Ceuta, dando lugar al monumento que pasaría a ser conocido como las Columnas de Hércules.
Columnas de Hércules
Hércules uniendo las dos columnas, G. Serrán
       Después cruzó tierras desérticas, donde el calor le hizo sufrir una terrible sed. Irritado, Heracles amenazó con sus flechas al dios Apolo que, en lugar de ofenderse, le ofreció como regalo una copa de oro que le permitió llegar a su destino: Eritia, la isla de la puesta del sol.
       Heracles se enfrentó a Ortro, el enorme perro que custodiaba los rebaños de Gerión, y logró vencer al gigante, al atravesar sus tres corazones de un flechazo. Después cortó su cabeza y la enterró en la actual ciudad de A Coruña, en el lugar en que más tarde sería construida la famosa Torre de Hércules
       Una vez logrado su objetivo Heracles emprendió el camino de regreso, en el que tuvo que superar numerosos obstáculos.
       El héroe guió las reses a través de mares, ríos y montañas. Alcanzó Italia y se enfrentó a Caco, un gigante que arrojaba fuego por la boca y que aprovechó uno de sus momentos de descanso para robarle parte de los bueyes.
       También tuvo que hacer frente a la diosa Hera, que envió un tábano contra el rebaño, haciendo que los animales se dispersasen. Tras reunir de nuevo a los bueyes, Heracles se vio obligado a construir un puente de piedra sobre el camino, ya que la diosa había enviado una gran inundación.
       Heracles perdió gran parte de los bueyes a causa de las dificultades que encontró en su viaje pero, a pesar de todo, logró cumplir su misión. Entregó los animales supervivientes a Euristeo y finalmente el rey los ofreció en sacrificio a la diosa Hera.
Torre de Hércules
Torre de Hércules, A Coruña, s. I d.C
  
 Bibliografía:
-AA.VV., Cultura Clásica, Edebé, Barcelona, 2004.
-AA.VV., Mitología clásica e iconografía cristiana, Madrid, Editorial Ramón Areces, 2010.
-HOPE MONCRIEFF, A.R., Mitología Clásica, Madrid, Edimat Libros, 2012.