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sábado, 3 de septiembre de 2016

Apolo y Jacinto

Apolo y Jacinto
La muerte de Jacinto, Nicolas-Rene Jollain, 1769
    Jacinto, hijo del rey Amiclas, fue un joven espartano caracterizado por su extraordinaria belleza física. Esta fue la causa de que el dios Apolo quedase prendado de él y abandonase su hogar en Delfos para trasladarse a las tierras de Esparta.
      
       Durante un tiempo Apolo dejó a un lado sus responsabilidades para disfrutar de la compañía de su joven amado.  Pero los celos del dios Céfiro, que se sentía furioso porque Jacinto no había correspondido a su amor, le llevaron a idear un modo de vengarse de él.
       
       Una tarde Apolo propuso a Jacinto realizar una competición de lanzamiento de disco. Apolo fue el primero en tirar, realizando un lanzamiento de perfecta ejecución y tan potente que llegó a rasgar una nube del cielo.
      
       Jacinto, ansioso por participar, corrió tras el disco para recogerlo antes de que  tocase el suelo. Pero Céfiro desvió su trayectoria haciendo que le golpease en el rostro, causándole una herida mortal.

       Al ver lo ocurrido Apolo palideció y corrió en ayuda del joven. Trató de reanimarlo y se sirvió de hierbas curativas para intentar detener la hemorragia, pero todo fue en vano.

      Cuando la cabeza de Jacinto cayó inerte en los brazos de Apolo este fue incapaz de retener las lágrimas. A pesar de su breve vida, Jacinto se había convertido en su amante más querido.

Jacinto
Jacinto
       Como muestra del aprecio que sentía hacia el joven, Apolo lo convirtió en una flor de tono púrpura que florece con la llegada de cada primavera. De este modo, el jacinto pasó a convertirse en una señal de luto y en el símbolo de lo efímero de la belleza mortal.
    
       El cuerpo de Jacinto fue enterrado en Amiclas, bajo la estatua del dios Apolo. Cada año los espartanos le rendían culto en un festival conocido como las Jacintias, en el que no solo se rememoraba la muerte de este hermoso joven sino también su divinización.
  
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 Bibliografía:
-HARD, R., El gran libro de la mitología griega, Madrid, La esfera de los libros, 2008.
-HOPE MONCRIEFF, A.R., Mitología Clásica, Madrid, Edimat Libros, 2012.
-SCHWAB, G., Las más bellas leyendas de la Antigüedad Clásica, Madrid, Editorial Gredos, 2009.

viernes, 31 de julio de 2015

Dionisio y los piratas tirrenos

En uno de sus viajes, Dionisio se encontró con unos navegantes y decidió pedirles ayuda para llegar a la isla de Naxos. Sin embargo, los marineros eran en realidad piratas tirrenos que inmediatamente quedaron sorprendidos por el aspecto del joven. 
         
      Su timonel, llamado Acetes, trató de advertirles de que no podía tratarse de un simple mortal pero los piratas, pensando en la riqueza que podían lograr si le vendían como esclavo en Asia o pedían por él un rescate, lo ignoraron. Subieron a Dionisio al barco y trataron de inmovilizarle con cuerdas, pero él siempre conseguía liberarse.

Dionisio en un barco, Exequias, mediados del s. VI a.C
   De repente comenzaron a producirse extraños sucesos. Del barco empezó a manar vino, una parra trepó entorno al mástil, aparecieron guirnaldas en los toletes y los remos del barco se convirtieron en serpientes.
     Dionisio adoptó entonces la forma de un terrible león y los piratas, aterrados, se lanzaron al mar, donde fueron convertidos en delfines. Únicamente el timonel se salvó. El dios le reveló su verdadera identidad y consiguió que se uniera a su cortejo.

      Según una variante de la historia Dionisio, tras subir al barco, pidió a los piratas que cantasen para él. Estos comenzaron también a bailar hasta que, extasiados, acabaron cayendo al mar. Dionisio los convirtió en delfines y colocó la imagen de uno de ellos en el cielo, creando la constelación Delfín.

Fuente:
-HARD, R., El gran libro de la mitología griega, Madrid, La Esfera de los Libros, 2008.