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domingo, 16 de octubre de 2016

Cupido y Psique

Cupido revive a Psique
Cupido revive a Psique, B.Thorvaldsen, 1810
       Psique era la hija del rey de Anatolia y la menor de tres hermanas. Todos los hombres la veneraban a causa de su extraordinaria belleza y esto provocó la envidia de Afrodita, que veía como sus templos estaban quedando abandonados. Para vengarse de ella, ordenó a Cupido que le lanzase una flecha que la hiciera enamorarse del hombre más ruin de la tierra. Cupido prometió cumplir con su misión pero al encontrarse frente a Psique quedó embelesado por su belleza. La flecha que sostenía en su mano cayó al suelo y le hirió en el pie, haciendo que se enamorase de la mortal.

       A pesar de la admiración que los hombres sentían hacia Psique ninguno se atrevía a pedir su mano. Esto preocupó al rey que, temiendo que su hija nunca llegase a encontrar esposo, decidió pedir consejo al oráculo de Apolo. Este le indicó que debía dejar a su hija en la cima de una alta montaña, donde sería desposada por un ser al que todos los dioses temían. El rey así lo hizo y al caer la noche un cortejo nupcial  guió a Psique hasta el lugar indicado. La joven fue abandonada en medio de la oscuridad pero pronto llegó el viento Céfiro y la depositó sobre una cama cubierta de flores, en la que se quedó dormida hasta el amanecer.

Psique entrando en el jardín de Cupido
Psique entrando en el jardín de Cupido, Waterhouse, 1905
       Al salir el sol Psique se despertó y miró a su alrededor. Se encontraba en un bosque de altos árboles por el que fluía un río de agua cristalina. En su orilla había un magnífico palacio sostenido por pilares de oro y marfil, con el suelo pavimentado con mármoles de colores y las paredes cubiertas con piedras preciosas. Psique abrió las puertas del palacio y en su interior encontró espléndidas habitaciones que contenían tesoros procedentes de todas las partes del mundo.

       Al caer la noche, Psique se tumbó sobre una cama y sintió que junto a ella aparecía una sombra. La joven se asustó pero su miedo desapareció al sentir un cálido abrazo. Una voz le susurró al oído: "Querida Psique, soy el marido elegido para ti por le destino. No preguntes mi nombre, ni intentes ver mi cara, solo cree en mi amor y todo irá bien entre nosotros".

      Así pasaron noche tras noche, intercambiando caricias y tiernas palabras, pero Psique nunca pudo ver el rostro de su amante. Durante el día vagaba por el palacio llena de tristeza a causa de la soledad en la que se veía obligada a vivir. Al caer la noche, suplicaba a su marido que se quedase con ella tras el amanecer, pero este le explicó: "No puede ser, un terrible peligro te amenazaría si supieses quien soy. Conténtate confiando en mi amor, que es tuyo para siempre".
 
       Llegó el día en que Psique no soportó más la soledad y pidió a su marido que le permitiera recibir a sus hermanas en el palacio. Este se negó, afirmando que ellas encontrarían el modo de destruir su amor. Pero la joven logró hacerle cambiar de opinión y Céfiro condujo a sus hermanas al palacio. Estas quedaron asombradas por la riqueza que rodeaba a Psique y se sintieron celosas de su buena fortuna. Interrogaron a su hermana a cerca de su matrimonio, ya que intuían que su marido no podía ser un simple mortal, pero la joven no quiso revelar ninguna información sobre él.

       Esto indignó a sus envidiosas hermanas, que comenzaron a cercarla y acosarla para que les revelase el nombre de su marido. Finalmente, Psique reconoció que desconocía su nombre y que nunca lo había visto. Con el fin de romper su matrimonio, sus hermanas la convencieron de que su marido era en realidad un terrible monstruo que acabaría devorándola. El único modo de escapar de él era esperar a que se quedase dormido y después clavarle un afilado cuchillo en el corazón.

Cupido y Psique
Cupido y Psique,  Johan Tobias Sergel, 1787
       Al llegar la noche, Psique decidió seguir el consejo de sus hermanas. Cuando sintió por su respiración que su marido se había quedado dormido, Psique tomó un cuchillo, encendió una  lámpara y se aproximó a él. Un grito escapó de sus labios al descubrir junto a ella a un hermoso joven alado de mejllas sonrosadas y piel blanca como la nieve. Psique se inclinó sobre él para besarle pero entonces una gota de aceite de la lámpara cayó sobre su hombro y lo despertó. Cupido se entristeció al descubrir que Psique había incumplido su promesa y le reprochó: "Psique, has arruinado nuestro amor. ¿Por qué escuchaste a tus traicioneras hermanas más que mi consejo? Ahora debemos separarnos para siempre".

       Psique, arrepentida, trató de abrazarle pero Cupido la apartó, desplegó sus alas y se fue sin una mirada de perdón. Inmediatamente el palacio se desvaneció y la princesa se quedó sola en medio del bosque llorando por su amor perdido.

       En su desesperación, Psique trató de suicidarse y se arrojó al río. Pero este la devolvió con vida a la orilla. Después comenzó a vagar sin rumbo por la tierra hasta que sus pasos la llevaron a la ciudad en la que vivían sus hermanas. Psique les reveló lo ocurrido y estas trataron de convencerle de que había hecho lo correcto. Pero a sus espaldas, acudían cada día a lo alto de una montaña con el deseo de ser elegidas esposas de un dios.

       Cupido regresó al lado de su madre y cuando ésta se enteró de que su hijo se había enamorado de la mortal que rivalizaba con ella en belleza se enfureció. Amenazó a su hijo con arrebatarle el arco y cortale las alas y lo encerró en una profunda mazmorra. Después envió a Hermes para que proclamase a los hombres la siguiente sentencia: "Aquel que acoja a Psique será declarado enemigo de los dioses pero el que la entregue recibirá como recompensa siete besos de Afrodita".

       Finalmente Psique fue entregada a la diosa, que la ordenó azotar y la obligó a obedecer su voluntad. También le impuso el cumplimiento de cuatro terribles pruebas si quería volver a reunirse con su amado.

       En primer lugar, Afrodita condujo a Psique ante un inmenso montón de semillas y le ordenó clasificarlas antes del amanecer. Psique, desesperada, abandonó la tarea antes de terminarla, pero unas hormigas se apiadaron de ella y realizaron el trabajo en su lugar. Afrodita, irritada al comprobar que Psique había cumplido su encargo, le arrojó un trozo de pan y la obligó a dormir en el suelo. También comprobó que la prisión de Cupido estuviera bien cerrada, para que nunca llegasen a saber lo cerca que en realidad estaban el uno del otro.

       Al día siguiente, Afrodita la despertó temprano y la obligó a enfrentarse a unos fieros carneros salvajes para conseguirle algo de lana. Una ninfa acudió en ayuda de Psique y le aconsejó que esperase hasta el atardecer, momento en que los animales se retiraban a descansar.

Psique abriendo la caja dorada
Psique abriendo la caja dorada, Waterhouse, 1903
       Cuando Psique se presentó ante Afrodita con el vellón de lana, la furia de la diosa no se aplacó y le encargó una tarea aún más difícil, traerle agua de un río que desembocaba en la laguna Estigia y que estaba custodiado por unos terribles dragones. Cuando los monstruos salieron a su encuentro, Psique cayó de rodillas abatida. Pero Zeus decidió ofrecerle su ayuda y envió a un águila para que recogiese el agua en su lugar.

      Por último, Afrodita le ordenó descender al Inframundo y traerle un frasco que contuviera le belleza de Perséfore. Psique consideró que el camino más corto al reino de Hades era la propia muerte, por lo que trató de quitarse la vida arrojándose desde lo alto de una torre. Sin embargo una voz la detuvo, le indicó la ruta de entrada al reino de los muertos y le ayudó a superar todos los obstáculos que encontró en su camino.

       De este modo, Psique consiguió llegar ante Perséfore. La reina del Hades aceptó ayudarla en su misión y le entregó el frasco con su belleza, no sin antes advertirle que no debía abrirlo. Pero en su camino de regreso Psique pensó que si tomaba parte de esa belleza Cupido la amaría para siempre. Desoyendo el consejo de Perséfore, abrió el frasco e inmediatamente cayó en un profundo sueño.

       Al enterarse del destino de Psique, Cupido halló el modo de escapar de su encierro. Recorrió la tierra buscando a su amada y, cuando al fin la encontró, la despertó con un beso de su sueño eterno. A pesar de la oposición de Afrodita, Cupido llevó a Psique ante Zeus y le pidió permiso para casarse con la mortal. El rey de los dioses, reconociendo la valentía de Psique, no solo aceptó sino que además la convirtió en una diosa y les permitió acceder juntos al Olimpo. 
 
Cupido y Psique
Cupido y Psyche, Canova, 1793
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Bibliografía
 -APULEYO, L., El asno de oro, Madrid, Alianza Editorial, 1993.
-HOPE MONCRIEFF, A.R., Mitología Clásica, Madrid, Edimat libros, 2012.

2 comentarios:

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